Sobre el amor y otros demonios

¡Muy buenas noches! Me alegra encontrarme nuevamente con vosotr@s.

Voy a caer en el “topicazo” de hablar sobre el amor en la entrada de este día tan comercialmente especial. Podría decir que no necesitamos un día como éste para proclamar el amor. Podría decir que el amor se cuida cada día. Podría decir que el amor está en los pequeños gestos. Podría hasta valorar si el amor verdadero es únicamente el que le damos a nuestr@s hij@s y especular sobre los diferentes tipos de amor (¿diferentes tipos de amor?). Pero no. Para variar os voy a explicar mi experiencia, por si a alguien le puede servir de algo.

A estas alturas de mi vida me doy cuenta de que sigo buscando el amor de los cuentos de princesas, ese amor-lapa que busca compartir todos los momentos del día de todos los días de toda tu vida, perfecto y sin escisiones, en el que dos se convierten en uno. Y ese amor es el que ya tuve con diecisiete y acabó con un príncipe rana (perdona, sé que em llegeixes…).

Otras veces me descubro buscando el amor-protección y me doy cuenta de que ese también lo tuve, con su casita de tres plantas en medio de la Naturaleza, con perro y gatos, con mesa en la cocina y tres retoños maravillosos correteando por la casa, con encuentros con l@s amig@s y programación de viajes con abuel@s y herman@s. Y ese amor es el que ya tuve con veinte y estuvo a punto de matarme en la treintena.

Aún hoy me veo buscando a veces el amor-fugaz, de pura piel, intenso, ardiente, rápido, tan rápido que acaba la misma madrugada, a veces con la promesa de un reencuentro que no llega a materializarse.

Decidí hace poco ir juntando trocitos de amor. Porque diversos trocitos de amor de diversas personas en diversas circunstancias y en sus diversas variaciones de dedicación de tiempo y espacio hacen un gran amor que acaba haciéndome feliz. Y al fin y al cabo: ¿acaso no se trata de eso?

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

Post1402

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“Tú eres importante”: sobre la asertividad positiva

Yo era de las que pensaban que cuando hay una dificultad de relación conviene solucionarla cuanto antes mejor (como si fuera fácil…) y que la mayoría de las veces las causas que han originado dicho problema no merecen ser tomadas en consideración. Al fin y al cabo, no podemos tirar el tiempo atrás para cambiarlas y, sobre todo, hurgar en las heridas es demasiado doloroso para mi capacidad de tolerancia. Pero desde hace 2 ó 3 años, quizás por aquéllo de la edad, rememoro episodios de mi infancia y juventud buscando las claves de mis comportamientos actuales. Pongo un ejemplo.

Aceptar cumplidos suele ser un problema para mí: me pongo nerviosa porque todo el rato me pregunto qué es lo que esa persona quiere de mí. Mis hijos me dicen cada día que me quieren y a mí todavía me cuesta a veces responderles: no sé qué decir. Y no digamos que alguien me abra su corazón y exprese los sentimientos que le genera una relación conmigo, no necesariamente romántica: “¡Tierra trágame!” es la frase que rebota en mi cerebro. Tomar conciencia de lo que me ocurre en estas situaciones ha sido un gran paso para mí. Pero ha sido “la bomba” encontrar una explicación: y es que en mi casa, de pequeña, la asertividad positiva no estaba de moda.

La asertividad positiva consiste en expresar auténtico afecto y aprecio por otras personas. Supone que uno se mantiene atento a lo bueno y valioso que hay en los demás y, habiéndose dado cuenta de ello, la persona asertiva está dispuesta a reconocer generosamente eso bueno y valioso y a comunicarlo de manera verbal o no verbal. Pues bien, me acabo de dar cuenta de que ésto es algo que he ido aprendiendo en los últimos años gracias a los muchos amigos y amigas que se han mantenido a mi lado a pesar de lo huraña que he podido ser a veces, y a pesar de que mi estado basal ideal es ser “invisible”.

Destacar lo bueno y mejor de los demás les hace sentirse valiosos, les da energía para afrontar la vida, provoca sonrisas y relaja las mentes, te hace perder el manto de invisibilidad. Cualquier interacción en la que los protagonistas se sienten así sin duda tiene más números de llegar a buen puerto. ¿Tan difícil es decir que llevas un vestido precioso? ¿Tan difícil es decir que hoy estás guapísima? ¿Tan difícil es decir que estás contenta de volver a verme? ¿Tan difícil es decir que el mensaje que te envié el otro día te animó? ¿Tan difícil es decir que te ha quedado muy rica la paella?

Creo que demasiadas veces damos por hecho demasiadas cosas: que es evidente que si vas arreglada vas guapa, que como somos amig@s es evidente que me alegro de verte, que era normal que me enviaras ese mensaje, que siempre te sale bien la paella. Y perdemos de vista que detrás de cada gesto, grande o pequeño, ha habido el deseo de dedicarle un tiempo al otro, porque ese otro es importante para nosotros y con gusto le damos lo mejor que podemos ofrecerle en cada momento.

Cuando mi madre le preguntaba a mi padre si le gustaba el cocido él contestaba: “¡Cocido!”. Seguramente no daba para más. Quizás se lo agradeciera más tarde, de otra manera… La cuestión es que yo hasta hace unos años contestaba “¡Cocido!”, en vez de alabar la cocina de mis amig@s. Aún así, creo que progreso adecuadamente 😉 ¿Y vosotr@s?

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

corazon-decalogo

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“Hoy es el mejor día de tu vida”

Fuegos artificiales en Blanes¡Muy buenas noches! Me alegra compartir este espacio una vez más con vosotr@s.

Estas semanas están siendo duras. Iniciar un nuevo proyecto, con el que además tienes que pagar las facturas, saca lo mejor y lo peor de cada uno. Hay momentos en los que es tanta la preocupación que hasta me llego a bloquear, de manera que necesito recurrir a herramientas y más herramientas para salir a flote.

Rebuscando en la memoria encuentro palabras de aliento, que hoy comparto con vosotr@s: quizás las necesitéis en alguna ocasión.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

Hoy es el mejor día de tu vida.

Sé firme en tus actitudes y  perseverante en tu ideal.

Pero sé paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato.

Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo, vendrá a tus manos en el momento oportuno.

Aprende a esperar el momento exacto para recibir los beneficios que reclamas.

Espera con paciencia a que maduren los frutos para poder apreciar debidamente su dulzura.

No seas esclavo del pasado y los recuerdos tristes.

No revuelvas una herida que está cicatrizada.

No rememores dolores y sufrimientos antiguos. ¡Lo que pasó, pasó!

De ahora en adelante procura construir una vida nueva, dirigida hacia lo alto y camina hacia adelante, sin mirar hacia atrás.

Haz como el sol que nace cada día, sin acordarse de la noche que pasó.

Sólo contempla la meta y no veas qué tan difícil es alcanzarla.

No te detengas en lo malo que has hecho; camina en lo bueno que puedes hacer.

No te culpes por lo que hiciste, más bien decídete a cambiar.

No trates que otros cambien; sé tú el responsable de tu propia vida y trata de cambiar .

Deja que el amor te toque y no te defiendas de él.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien y deja que el futuro llegue a su tiempo.

No sufras por lo que viene, recuerda que “cada día tiene su propio afán”.

Busca a alguien con quien compartir tus luchas hacia la libertad; una persona que te entienda, te apoye y te acompañe en ella.

Si tu felicidad y tu vida dependen de otra persona, despréndete de ella y ámala, sin pedirle nada a cambio.

Aprende a mirarte con amor y respeto, piensa en ti como en algo precioso.

Desparrama en todas partes la alegría que hay dentro de ti.

Que tu alegría sea contagiosa y viva para expulsar la tristeza de todos los que te rodean.

La alegría es un rayo de luz que debe permanecer siempre encendido, iluminando todos nuestros actos y sirviendo de guía a todos los que se acercan a nosotros.

Si en tu interior hay luz y dejas abiertas las ventanas de tu alma, por medio de la alegría, todos los que pasan por la calle en tinieblas, serán iluminados por tu luz.

Trabajo es sinónimo de nobleza.

No desprecies el trabajo que te toca realizar en la vida.

El trabajo ennoblece a aquellos que lo realizan con entusiasmo y amor.

No existen trabajos humildes. Sólo se distinguen por ser bien o mal realizados.

Da valor a tu trabajo, cumpliéndolo con amor y cariño y así te valorarás a ti mismo.

Dios nos ha creado para realizar un sueño. Vivamos por él, intentemos alcanzarlo.

Pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizás entonces necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas.

Así, con otro aspecto, con otras posibilidades y con la gracia de Dios, lo haremos.

No te des por vencido, piensa que si Dios te ha dado la vida, es porque sabe que tú puedes con ella.

El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino.

Tú y sólo tú escoges la manera en que vas a afectar el corazón de otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.

“Que este día sea el mejor de tu vida”

MAHATMA GANDHI

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“Culito respingón”

– Enséñame- exclamo.

– Pide.

– Lo primero, tú ya lo sabes… Dime qué soy yo y lo que esa identidad me ofrece. Sitúame en esa tipología de variantes afectivas.

Brota su suave sonrisa.

– Eso es un buen comienzo. Aquí la tienes.

Del mueblecito auxiliar saca una hoja con un gráfico parecido a los árboles genealógicos, sólo que en él todas las sucesivas ramificaciones son binarias. ¿Lo tenía preparado ya esperándome?

En el gráfico hay pocos rótulos y sólo dos símbolos: los bien conocidos círculos que, con una crucecita abajo o una flecha arriba y a la derecha denotan el sexo femenino y masculino respectivamente. Las ramificaciones se van produciendo a distintos niveles, rotulado el primero de los cuales como “sexo”, mientras que el segundo está etiquetado como “género”. Miro a Farida, interrogante:

– El sexo- me aclara- está determinado por los cromosomas y los genitales, a veces con intersexualidades, aquí omitidas para simplificar. El género, en cambio, lo aporta el cerebro, especialmente el hipotálamo, y aunque la moral impuesta rechace la idea, no siempre coincide con el sexo. Hay machos que se sienten hembras y hembras que se sienten machos.

Sigo adelante por esos senderos de la humanidad, encontrando una nueva bifurcación para cada rama del género, llegando así al tercer nivel: “preferencia”. Farida sigue ilustrándome:

-Con cualquier combinación de sexo y género, coincidentes o no, la persona puede sentir atracción hacia los hombres o hacia las mujeres, sean o no sus iguales, y también hacia ambos en la bisexualidad, aunque este diagrama básico no analiza esas bivalencias ni grados de intensidad, que multiplican los casos posibles en la muy compleja variedad real.

La última horquilla abierta desde cada rama preferencial no se señala con los símbolos del sexo sino con las letras D y S, iniciales de “Dominante” y “Sumisa”, según aclara una nota al pie. Y ahí termina ese diagrama binario que, insiste Farida, es sólo una primera aproximación.

– Frente a las dieciséis variantes finales, el modelo oficial sólo tolera la castidad o la dominación del varón y la sumisión de la hembra en la pareja heterosexual. Los demás experimentos de la Vida se ven forzados a adaptarse, fingir, frustrarse o sufrir las etiquetas de “pecadores” o “pervertidos”, con todas las consecuencias. Como escribió Jean Lorrain, “llaman vicio al placer que la sociedad no admite”.

“El amante lesbiano”, José Luis Sampedro

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Forzar o no forzar, esa es la cuestión

IMG_0393Cada vez que me siento a escribir me ronda la frase de Picasso en la cabeza: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando.” Pero lo cierto es que a mí la inspiración me pilla mientras camino al aire libre.

Esta anécdota me recuerda que en muchas ocasiones seguimos recomendaciones que no van con nosotros, que no se ajustan a nuestra manera de funcionar, que quiebran los elementos más esenciales de nuestra personalidad y temperamento. Y para agravar más el asunto pensamos que la razón la tienen los demás, los que funcionan como nos recomiendan y que, por lo tanto, somos unos incapaces.

Actuar, pensar, sentir de forma diferente a las personas que nos rodean nos puede parecer peligroso. Para empezar por el miedo al rechazo o, lo que es peor, a la ridiculización. También por el miedo a fracasar, con el consiguiente escarnio público: creo que no hay nada peor que el “Ya te lo dije…” con ese tono falsamente protector. También por el miedo a perder lo que tenemos en estos momentos, que nos parece que es lo mejor que merecemos, sin plantearnos que, a lo mejor, aquéllo que se está presentando en estos momentos en nuestra vida puede que sea lo REALMENTE mejor.

Creo que si creciéramos en ambientes con las justas recomendaciones para una convivencia armónica pero que nos permitieran ser nosotr@s mism@s todo sería más fácil. Para empezar, porque ya desde pequeñ@s seríamos capaces de desarrollar nuestras capacidades sin límites, de opinar sin límites, de sentir sin límites, con lo cual nuestro conocimiento sobre nosotr@s mism@s sería el óptimo en el momento de tener que empezar a tomar nuestras propias decisiones sobre cómo enfocar y vivir nuestra propia vida.

Pero a la práctica, cuando nos convertimos en madres y padres o somos amig@s o ejercemos como tutor@s o llevamos a cabo cualquier actividad en la que nos toque el papel de “dirigir” personas o grupos de personas, nos parece que tenemos la obligación de marcar un camino según nuestras propias reglas, que son las adecuadas… ¿o no? Al fin y al cabo, estamos donde estamos porque esas reglas nos han ido bien, ¿no es así? ¿O quizás en realidad- en la realidad profunda, la que nos toca lo más íntimo- no nos va tan bien?

Nuestro mundo es tan grande o tan pequeño como nosotr@s queramos que sea. A veces pensamos que nuestro mundo es grande y, lo que es peor, que es tan grande que nuestr@s hij@s no pueden aspirar a más. Me recuerdo un día diciéndole a mi marido algo así como que nuestros hijos ya tenían en nosotros el ejemplo de lo máximo a lo que se podía llegar. Y ahora miro a mis hijos y cada día me dan lecciones de humildad viendo lo duro que trabajan y la cantidad de conocimientos que tienen y que yo ni tan siquiera soy capaz de entender.  También en el plano emocional o espiritual, en muchas ocasiones me dan cien vueltas…

Tu alma crece cuando te abres a todo lo que te ofrece la vida y dejas de rechazar de plano a personas y experiencias diferentes a las que ya conoces. O al revés, cuando dejas de aceptar sin más lo que te llega, sin plantearte si va o no va contigo. El solo hecho de medirte con ello es lo que te hace crecer. Y si, efectivamente, lo que estás haciendo es forzar, suéltalo y sigue hacia delante.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

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“La gente que me gusta”

Gente que me gusta

¡Buenas noches! Hoy os hablaré a través de las palabras de Mario Benedetti, con un escrito que seguro much@s de vosotr@s habéis leído aunque sea de forma parcial a través de memes en las redes sociales.

Estoy de suerte… porque gran parte de la GENTE que me rodea me gusta, justo en el sentido que le da este gran escritor uruguayo.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.

La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.”

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“Consulta Médica Dra. Ortiz”

Consulta Médica Dra. Ortiz

¡Muy buenas noches a tod@s! ¡Y feliz 2016!

Estoy muy contenta por poder compartir nuevamente vuestro tiempo. Espero que sea así a lo largo de este nuevo año, que se presenta ya en sus inicios cargado de “energía de la güena”, ¡¡jajajajajaja!!

Me váis a permitir que aproveche este espacio para anunciaros la inaguración de mi consulta médica privada en Breda (Girona), mi municipio de adopción en estos últimos nueve años.

Junto a Angi Martín, amiga incondicional y experta “gestionadora de personas”, iniciamos esta aventura el próximo 12 de enero. Ofreceremos atención en la consulta de la calle Barcelona y, además, queremos organizar una red de atención domiciliaria personalizada.

Algunos de vosotr@s recibiréis información en vuestros domicilios en forma de dípticos. Otros ya habéis descubierto esta mañana la página de Facebook, que tiene por objetivo el contacto directo conmigo para gestionar dudas sobre salud

https://www.facebook.com/Consulta-M%C3%A9dica-Dra-Ortiz-450035631874004/

También podéis encontrarnos en Google: sólo tenéis que teclear nuestro nombre 🙂

https://www.google.es/?gws_rd=ssl#q=consulta+medica+dra+ortiz

Hoy me despido sin más. Eso sí, con una petición… Como diría aquél: “¡Compartid, malditos, compartid!” 😉

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

FotoDirecciónAzul

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#NecesitoUn2016

Navidad 2015La entrada de hoy ha tenido diversas versiones y finalmente va a ser sólo ésto: desearos lo mejor para el nuevo año en el que nos sumergiremos en breve.

Dicen que las primeras ideas son las mejores, las más auténticas, y mi primera idea fue buscar las tendencias de hashtag en Twitter con las que miles de personas van a expresar sus deseos para 2016… y “elo” aquí. Sin duda alguna cambiará la tendencia en estos días, como la mayoría de cosas en esta vida, pero el listado de deseos va a ser similar: felicidad, conseguir lo que me proponga, nuevas amistades, muchos besos…

Después de un 2015 lleno de borrascas y anticiclones, lo que yo necesito es un 2016, y un 2017, y un 2018, y un 2019… para llegar a ser la mejor versión de mí misma. Espero que se me conceda con suficiente salud como para poder disfrutarlo.

Os deseo lo mejor para el próximo año. Por mi parte, nos vemos en siete días, con sorpresa 😉

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

 

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Vergüenza ajena

IcebergEl término “vergüenza ajena” es muy nuestro. En idiomas como el inglés no existe un término específico para designar esta emoción. Se desencadena en situaciones en las que alguien hace algo que desde un punto de vista social no está bien visto y, a pesar de que parece que el “agente causal” no parezca enterarse, nosotros (a veces meros espectadores a distancia) querríamos desaparecer para no sentirnos mal. Pues precisamente eso me ha pasado a mí esta semana. Que he sentido vergüenza ajena. Mucha. Al menos en tres ocasiones.

Es extraño que yo lea la prensa o vea los programas de televisión y menos aún que escuche la radio. Suelo hacerlo exclusivamente para seguir noticias concretas que me interesan por algún motivo específico. ¿Que por qué? Pues porque mi gasto de adrenalina se dispara cuando leo/veo/escucho determinadas noticias, y hace tiempo que me prometí a mí misma generar la mínima cantidad posible de adrenalina, tan sólo para situaciones que me incumben directamente y sobre las que tengo cierto margen de influencia.

Pero claro. Yo también me aburro de vez en cuando. O debo esperar a que abran algún comercio. O simplemente me llama la atención algún titular. Así que acabo leyendo algún diario mientras tomo un té negro con una nube de leche fría. Y lo que leo me produce vergüenza ajena: un psiquiatra acusado de abusar durante años de algunos de sus pacientes, médicos que aceptan dinero a cambio de poner prótesis en mal estado, anatomopatólogos que analizan muestras de la privada en un gran hospital universitario. Todo ello ha sido noticia esta semana.

¡Asco me da!

Porque cada vez que salta a la luz pública una noticia de este tipo desprestigia a toda la clase médica. Porque en la mente de los ciudadanos queda la sombra de la duda acerca de nuestra integridad. Porque el grado de confianza hacia nosotros queda mermado. Porque aumenta la indignación hacia el cuerpo de funcionarios del estado, al cual pertenecen muchos de nuestros compañeros.

Cansada estoy de estas noticias. Cansada estoy de otras noticias que no son noticia pero que a lo largo de los años han llegado a mis oídos. Cansada estoy de que por unos pocos paguemos el pato los muchos que día a día nos esforzamos por trabajar de la mejor manera posible, la mayoría de las veces en condiciones de pena.

Dicen que hoy es el día del cambio. A ver si es verdad.

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

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Reflexiones entorno a un #suicidio

SuicidioLa tranquilidad de Girona se ha visto turbada esta semana por el suicidio de una mujer de 42 años. Dicho así quizás podría no ser demasiado importante: la práctica totalidad de profesionales sanitarios asisten algún intento de autolisis cada año, claro o encubierto. La cuestión en este caso ha sido más compleja porque previamente lanzó por el balcón a sus dos hijas, la menor de menos de un año, y posteriormente se lanzó ella. Para más “inri”, lo hizo en una zona céntrica de Girona, a una hora en la que todavía corremos la mayoría de un lado a otro, y desde el despacho profesional de ella y su marido.

Nadie entiende nada. Todos intentamos buscar una explicación, y no logramos encontrarla. ¿Por qué se quita la vida una mujer joven? ¿Por qué se quita la vida una mujer joven de una familia acomodada de Girona? ¿Por qué se quita la vida una mujer joven casada y madre de tres niños? ¿Por qué se quita la vida una mujer joven con una profesión proyectada a futuro?

Seguramente el secreto está en que pensamos que con todas esas “atribuciones” cualquier persona TIENE QUE ser feliz, estar satisfecha con su vida… y a la práctica la mayoría de nosotr@s sabemos que ésto no es así.

La primera vez que me mudé después de mi divorcio me acompañaban varios libros de mi madre que tenía en las manos por primera vez. Alguno de vosotr@s quizás también lo hagais: buscar entre las páginas de los libros de otro buscando alguna nota, algo subrayado, algún recuerdo. Y lo encontré. Encontré una nota de mi madre, escrita a los 40 años, que decía algo así como que se sentía vacía a pesar de todo lo que le rodeaba. Años después, el martes en que le iniciamos los cuidados paliativos en mi casa, me dijo que no cambiaría ni una sola coma de su vida. ¿Cómo se entiende ese cambio? En su caso, como en el mío, el cambio supuso agarrar con fuerza las riendas de la propia vida: el dejar de hacer lo que se suponía que debíamos hacer y asumir el riesgo del fracaso al desviarnos de la senda marcada por la sociedad; el asumir que llegar hasta ese momento de cambio había sido gracias a cómo se había planteado nuestra vida hasta ese momento; el asumir que teníamos la fuerza suficiente para afrontar cualquier situación aún en soledad; el asumir, al fin y al cabo, que nos merecíamos ser felices a nuestra manera.

No son pocas las personas que atiendo en mi consulta (y fuera de ella) que están insatisfechas con su vida. De hecho, el motivo de consulta (y de amistad) de la mayoría de ellas es la propia insatisfacción. Al peso que supone estar insatisfecho se añade el peso de la culpa por estarlo cuando, desde un punto de vista teórico, no debería estar insatisfecho. Al peso que supone estar insatisfecho más el peso de la culpa que sentimos por estar insatisfechos, se puede añadir el peso del malestar que supone el buscar alternativas a nuestra insatisfacción, alternativas  que a veces no son bien vistas desde un punto de vista social. Con tanto lío en la cabeza y en el corazón no es de extrañar que en algún momento pensemos que estamos en una pequeña cajita oscura de la cual no hay manera de salir. ¿O sí?

Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

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