Relaciones @fectivas

CerradoPorDemolicion¡Muy buenas noches! Hoy os propongo un ejercicio en “clave de coaching” (baby, sé que te acaba de dar un espasmo, ¡¡jajajajajajaja!!) especialmente dirigido a solter@s, separad@s, divorciad@s y adúlter@s consolidad@s (o en potencia, consciente o inconscientemente, que a nuestra mente eso le da igual). De hecho, cualquiera de vosotr@s puede entrar en este grupo tarde o temprano, así que más vale plantearnos ciertas cuestiones para regular mejor nuestro grado de sufrimiento.

Relaciones ¿@fectivas?: pues sí, porque hablo de relaciones Afectivas que pueden acabar siendo Efectivas o no, es decir, que pueden llegar al puerto que nos marcábamos de inicio, aunque con las modificaciones inherentes al hecho de compartir con el otro, por aquéllo que ya hemos comentado alguna vez de que las relaciones se co-construyen.

Responde sinceramente a las siguientes cuestiones (desde dentro, desde las entrañas, desde donde luego te va a doler por las verdades como puños que te has atrevido a confesar, o por las mentiras que te has dado cuenta que te has tenido que decir):

¿A cuántas personas has conocido en los últimos, pongamos, tres meses? Evidentemente, sirve lo virtual (¡bendita pantalla como propiciadora de inicios!)

¿Con cuántas de esas personas has querido iniciar una relación afectiva?

¿Cuántas de esas relaciones afectivas han pasado a ser efectivas?

¿Efectivas en el grado que tú deseabas?

Mi experiencia de estos últimos tres meses ha sido de 2 a 0, es decir, he conocido a dos personas, he querido iniciar una relación afectiva con las dos (a la vez no, malpensados, ¡¡jajajajajajaja!!) y ninguna de ellas ha sido efectiva (ooohhhhh….). De hecho, últimamente me siento como un italiano desgraciado en una discoteca: “-¿Follas?- pregunta el italiano; -¡No!- responde la churri“; y eso lo multiplicas por mil 😉

Mi ADN colomense (con perdón) haría que estuviera hundida en la miseria, lamentándome de mi suerte y usando vino, cerveza o combinados para enganchar mejor las tiritas en mi corazón. O bien gritando y maldiciendo la raza de los hombres y jurando no volver a caer nunca más en las trampas del amor y el sexo. Bueno: es una opción. De hecho, es lo que me sale de forma espontánea y, tras mirarlo un ratito (o un ratazo), es lo que gestiono como os explico a continuación.

La otra opción (más zen, digamos) consiste en agradecer. Sí, agradecer (quién te ha visto y quién te ve, Isa…). Vamos a ver. Uno de los dones más preciados de nuestro tiempo es, precisamente, el tiempo. Acabe como acabe esa relación @fectiva, la otra persona te ha dedicado lo más valioso que posee: quizás en forma de mensajitos; quizás habéis “eskaipeado”; quizás hasta habéis coincidido en alguna reunión y os habéis sentado juntitos; a lo mejor hasta has tomado un café a su lado; ¿llegaste a tocarl@?: ¡premio!; ¿llegaste más lejos?: pues date con un canto en los dientes, ¡joder!. Ah, claro, que no quiere más: ¿y? Ante la opción de pensar en tu mala suerte, en que tod@s son iguales, en que qué desgraciad@ eres, en que no lo entiendes, en que NUNCA te vas a volver a arriesgar: ¿tan difícil es llegar a agradecer el haber disfrutado y aprendido con esa persona? ¿No te das cuenta de lo tranquilo que se te queda el cuerpo cuando estás en esa actitud de agradecimiento? ¿No crees que entrenando puedes llegar a esa sensación de serenidad? Seguro que sí 😉

Creo que alguna vez os he dicho que colecciono relaciones. Quizás suena frívolo, pero es así de real. Colecciono, evidentemente, en el sentido puramente matemático del término, y eso está bien porque, aunque no todas han acabado siendo lo “efectivas” que yo esperaba, todas y cada una de ellas me han enseñado algo sobre mí y sobre el otro que ha sido altamente valioso para poder afrontar la siguiente relación con más madurez, más entereza, más humildad, más humanidad y menos sufrimiento.

Las personas vamos por la vida dando lo que podemos dar en cada momento: a veces podemos dar más, a veces podemos dar menos, porque tenemos lo que tenemos en cada momento. Pero “simplemente” porque abrí mi corazón y te dejé pasar, pudiendo haber puesto en su lugar otra capa de coraza, “simplemente” por eso merece la pena que estés agradecid@: ¿no te parece?

Pues eso. Espero que os haya gustado el post. Un abrazo, de esos que hacen vibrar…

P.D. A mis amantes. A mis amores.

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Acerca de eBatega

Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria Máster en Educación Emocional y Bienestar Grupo-Programa Comunicación y Salud semFYC Grupo de Trabajo "Salud Basada en Emociones" semFYC
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